Iniciativa Feminista, más que un partido

Iniciativa Feminista es algo más que un nuevo partido político, si sólo fuera eso, un nuevo partido, muchas de las personas que apoyamos esta iniciativa probablemente no estaríamos aquí. Seguiríamos defendiendo la posibilidad de cambio social desde nuestra posición individual o desde nuestro medio asociativo habitual.

Para las mujeres y hombres que conformamos Iniciativa Feminista, el feminismo es actualmente la mejor alternativa para que se produzcan cambios reales hacia una sociedad democrática global; hasta ahora no ha sido posible establecer un orden social verdaderamente justo en ningún país porque se ha despreciado y desaprovechado el potencial humano de la mitad de la población: las mujeres. Ahora, nos encontramos en el momento histórico adecuado para rentabilizar el esfuerzo de todas aquellas personas, principalmente mujeres, que nos han  precedido en la lucha por la igualdad entre los sexos, es el momento de poner en práctica el feminismo político.

Caminar en el sendero del feminismo político es ir en busca de la utopía; sabiendo que otras utopías se han hecho realidad  ¿por qué no ésta?

La proyección europea de Iniciativa Feminista tiene como objeto introducir una nueva dimensión en la acción política que nos permita convivir de una forma más humana y que ha de traducirse también en una mejora de la política exterior de la Unión Europea.

Para lograr mejorar nuestra convivencia interna y nuestras relaciones exteriores tendremos que romper viejos moldes, abandonar anacrónicas rémoras que nos lastran en el camino hacia la igualdad y la liberación de todos los seres vivos. Tenemos que deconstruir eso que hemos dado en llamar el patriarcado; un sistema que se ha demostrado injusto, parcial e ineficiente. Un sistema que ha elevado las prebendas masculinas a la categoría de derecho y que ha rebajado los derechos de las mujeres a particularidades cada día negociables y objeto de transacciones sin fin.

De la misma forma en la que se ha luchado por desterrar la creencia de que dos personas de distinta etnia sean verdaderamente diferentes en sus necesidades como seres humanos, salvo la diferencia que consiste en la socialización propia de las diferentes culturas, debemos luchar por desterrar la creencia de que hombres y mujeres tienen diferentes necesidades o diferentes aptitudes o diferentes visiones de la libertad y el respeto. Salvando las diferencias biológicas que atañen a la reproducción, mujeres y hombres ansiamos por igual la paz, la libertad y todo aquello que nos hace desarrollarnos plenamente como seres humanos. Ningún ser humano desea libremente autolimitarse. La autolimitación es una consecuencia del adoctrinamiento anterior, que se va larvando en el tiempo y se retroalimenta con formas nuevas que enmascaran la violencia subyacente.

Así pues, es importante no abandonarse a la idea de que con una igualdad formal está todo conseguido, las estructuras siguen ahí, el patriarcado es un reducto anacrónico que hay que erradicar; sus creencias, basadas en la superioridad del hombre sobre la mujer, no se sustentan desde la razón ni desde la ciencia. Las mujeres no tenemos que seguir demostrando todo en cada momento para conseguir algo, esto ofende a la inteligencia.
Es imprescindible repensar toda nuestra cultura y deconstruir los modelos transmitidos por: la filosofía, las ciencias experimentales, la historia, las ciencias médicas, la antropología… A través de cada uno de los conocimientos adquiridos y la experiencia vivida, hemos interiorizado la creencia de que la mujer es de alguna manera inferior al hombre, tanto biológica como intelectualmente; es ya hora de liberarnos de estos prejuicios sin sentido que ralentizan el avance de las sociedades.

No nos gusta el mundo en que vivimos pero pensamos que se puede mejorar.

Los códigos del sistema patriarcal, sus leyes y sus actuaciones nos han conducido a la situación mundial que padecemos, en la que millones de seres humanos mueren de hambre y en la que los países ricos en recursos naturales son expoliados, empobrecidos y asfixiados por la deuda externa, Este sistema ha generado  una sociedad global regida por un sistema económico tan brutal que no duda en utilizar medios como la guerra, el tráfico de armas y el tráfico humano para el enriquecimiento de unos pocos. Una sociedad que avanza técnicamente pero que permite que subsistan prácticas tradicionales ancestrales que no respetan los derechos humanos, siempre que estos derechos sean los de las mujeres. Una sociedad que se rasga las vestiduras por Guantánamo -bien rasgadas, claro está-, pero que no se las rasga igualmente por las vidas perdidas de las mujeres afganas, incluso en la paz.

En muchas ocasiones, cuando alguien se entera de la reciente existencia de Iniciativa Feminista, nos pregunta ¿Se van a ocupar sólo de “los asuntos de las mujeres”? La única respuesta a esta pregunta es: eso sería imposible. Sencillamente, no existen asuntos “sólo” de mujeres. El simple hecho diferencial biológico de ser mujer no constituye por si mismo ningún problema, ni ninguna desventaja, ni requiere ningún tutelaje extra respecto al hecho diferencial biológico de ser varón. Lo que constituye una verdadera desventaja, que ha de eliminarse, es la situación en la que han quedado las mujeres en una sociedad dominada por los hombres en cuanto a toma de decisiones, reconocimiento de derechos y manejo de los recursos.

Las mujeres no tenemos por qué seguir en una posición de peticionarias perpetuas, no tenemos por qué seguir adaptándonos a las estructuras de poder sexistas y, lentamente, desde ellas pedir a las autoridades que se nos tenga en cuenta y se remuevan los obstáculos que nos limitan. Las mujeres que tenemos como prioridad cambiar esta situación, debemos aprovechar los avances conseguidos por la lucha denodada de las que nos precedieron y tener nuestra propia voz, en vez de formar parte de las esquinas más frágiles de las agendas políticas. Asuntos que nos afectan a todas las personas, pero en los que a las mujeres nos toca la peor parte, como la violencia de género, el aborto, la prostitución, el tráfico de seres humanos, el desempleo, la diferencia salarial, y un largo etcétera, no pueden ser considerados asuntos “específicos” destinados a ser atendidos dependiendo de las circunstancias y la predisposición política de los gobernantes del momento. Han de tener continuidad y han de ser defendidos en pie de igualdad con todos los demás asuntos que igualmente nos afectan a todas las personas. Todos los asuntos son asuntos nuestros pero no todos nos afectan de la misma manera.

Entre las directrices de la Unión Europea se encuentran el medio ambiente y la igualdad, la defensa de ambos aspectos de la vida no tienen sin embargo la misma continuidad ni contundencia en las intervenciones parlamentarias, independientemente de sus logros; tal vez sea porque la igualdad no tiene un equipo humano, un grupo parlamentario propio, concentrado en introducir la perspectiva de género en todas las políticas comunitarias como objetivo prioritario. Iniciativa Feminista, no sólo conoce los problemas que causa la discriminación sexista, sino que tiene el proyecto y el empuje necesarios para trabajar en su eliminación. Sabemos que será difícil pero las mujeres y hombres de Iniciativa Feminista estamos dispuestos a acometer la tarea.

Por Juana María Santana

¿POR QUÉ LOS HOMBRES DEBEMOS APOYAR EL PROYECTO POLÍTICO DE INICIATIVA FEMINISTA? Matilde Fontecha Miranda, Medalla al Mérito Deportivo.

[Artículo sin posibilidad de comentarios.]